Nada de lo que te pasa es casual.
Ese malestar que te complica la vida en algún momento fue necesario — como unas muletas. Las elegiste porque querías seguir caminando, porque decidiste no rendirte. Eso no es debilidad, es todo lo contrario.
Pero llega un momento en que la herida ha sanado y las muletas siguen ahí. Ya no te sostienen, te frenan. Pesan, se clavan, y sin embargo no sabes moverte sin ellas porque llevan tanto tiempo contigo que ya no recuerdas cómo era caminar de otra manera.
Es hora de soltarlas.
Psicólogo en el Barrio de Salamanca, Madrid. Sin filtros, sin etiquetas, sin clínica de por medio.
