Piensa en la cantidad de acciones que haces cada día de forma automática. Las llevas haciendo durante años.
Algunas te ayudan, y otras te perjudican. Pero…
Esa sería tu mejor versión.
Y para llegar a ella tendrás que recuperar la capacidad de no hundirte cuando las cosas no salgan como te gustarían.
Pero tranquilo, en contra de lo que dicen los gurús del positivismo, no necesitas «ver siempre el vaso medio lleno» y tienes todo el derecho a sentirte mal, llorar y parar… Para volver a seguir.
La parte buena de todo este asunto es que esa capacidad ya la tienes, aunque quizás la vida te ha dado tantas hostias que ya has olvidado como usar esa capacidad para no hundirte.
¿CÓMO?
Pues no va a ser a base de sonrisas ni de hacerte una taza con una frase súper guay ni a base de lo que yo llamo «Mantras Stallone», frases tipo «yo puedo», «no hay dolor» y ese tipo de gilipolleces.
Vas a conseguir tu Versión Zeta trabajando. Dentro y fuera de la terapia.
Primero vamos a descubrir qué es lo que te está haciendo daño y para eso hay que mirarle al problema a los ojos y no tratar de mitigar los síntomas como muchos dicen.
Y es que el dolor, la ansiedad, la tristeza… Son solo mecanismos de alerta que nos pueden aportar mucha información. Así que en vez de ignorarlos vamos a escucharlos.
Por la parte que me toca utilizaremos técnicas y herramientas de contrastada evidencia científica que se adapten a tus necesidades. Desde el EMDR hasta terapias conductuales pasando por la TFE, terapias Humanistas, Icónica… Vamos a usar todo el arsenal necesario.
Pero sin trucos de magia. Trabajaremos enfocados a la acción. A tomar decisiones.
